Es un hecho: los vampiros están de moda.
(Está tan claro que la persona que no se haya enterado debe haber pasado los
últimos años confinada en un ataúd) Se han impuesto en las editoriales
juveniles, y también en la gran pantalla. No se puede negar que durante estos
años, los “atractivos” (para algunas…) “neovampiros” han tenido un éxito
espectacular.
Personalmente, esta reinvención del género
no me inspira simpatía, prefiero los viejos clásicos y el folklore tradicional,
pero no voy a dedicarme, en esta entrada, a hablar sobre historias de
aparecidos, ni ha tomar parte en la pelotera que tanto se lleva “vampiros de
verdad vs. vampiros modernos” (el tema está muy visto ya); me gustaría dar a conocer una curiosidad: la personalidad vampírica. Según he leído, parece ser que la
respuesta emocional de quien ve películas o lee libros de este género de forma
habitual es tan satisfactoria que hace que los fans se sientan parte del mundo
vampírico, yendo más allá de la identificación normal de las personas con los
personajes de cualquier historia, y que, en casos extremos, puede desencadenar una
obsesión enfermiza que lleva a actuar a las personas como verdaderos
aparecidos.
Como buena seguidora (y neófita también) de
Expediente X, todo esto me recordó a un
capítulo (cuidado con los repartidores de pizza con pupilas fosforescentes!),
aunque no voy a seguir por ahí, porque la entrada podría derivar hacia el
chupacabras y de ahí a Tercer Milenio…
Hablando de todo un poco y para dar un final
desenfadado a la entrada (ya sabéis, me encanta acabar las entradas con un poco de música), os dejo una canción de Whitesnake titulada “Night
Hawk: Vampire Blues” (y bien majo el “vampiro” muajaja):
Pues la Disney se ha pillado los derechos de la novela "Fallen" así que tenemos chupasangres para rato...Besotes!
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